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Serena Burla, del cáncer a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro

Serena Burla, del cáncer a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro

Serena Burla
Serena Burla, Estados Unidos 1982, está viva porque corría. Y corre. No es una metáfora, es literal. De no haber corrido, Burla habría muerto. A principios de 2010, esta atleta de entonces 27 años comparece en la salida del campeonato nacional de Estados Unidos de Media Maratón. Burla, que fue una buena atleta universitaria de 5.000 y 10.000 metros pero que abandonó el atletismo al graduarse, había retomado el contacto con las zapatillas cuando el entrenador Isaya Okwiya la convenció para que formara parte de su grupo.

Es precisamente Isaya Okwiya, que ha trabajado en los últimos tiempos con Burla para que 2010 sea el año de su primer maratón, quien ve que la atleta llega cojeando a la salida del campeonato de Estados Unidos de Media Maratón. Es enero de 2010 y Burla lleva un tiempo con dolor en el tendón de la corva de su pierna derecha, pero prefiere ignorarlo, más cuando se siente mejor si corre, como si el dolor desapareciera, fuera neutralizado, para luego regresar con más fuerza en el reposo del hogar.

Burla le da importancia, pero sigue adelante, creyendo siempre que es una lesión de corredor. Toma la salida en Houston y acaba en segunda posición en el citado campeonato de Estados Unidos. Pero esa Media Maratón ha terminado de rematar su pierna, que arrastra en la línea de meta. Okwiya no lo aplaza más y le dice que tiene que ser vista por un médico. La envía a Nueva York, donde todo revienta por los aires. Burla no tiene una lesión grave de corredora, no. Ojalá fuera eso. Pero no. Burla tiene un sarcoma sinovial en el tendón de la corva de su pierna derecha. Un mal que se ha manifestado porque Burla genera mucho trabajo en esa zona superior de la pierna. Si hubiera sido en otro lugar del cuerpo, quizá lo habría ignorado, el cáncer se hubiera extendido y habría sido demasiado tarde para todo.

Pero al correr la dolencia llamó a la puerta, se hizo más evidente. Los médicos de Nueva York ordenan la operación, sin más opciones que quitar, literalmente, el bíceps dañado y luego valorar si se le da radiación a Burla o no. Ni siquiera es seguro que pueda conservar la pierna. No hablemos ya de volver a andar, menos correr.

En febrero, Burla pasa por el quirófano. La operación, llevada a cabo en Nueva York, es muy directa y agresiva, puesto que deciden que no va a haber radiación. De haber sido así, por la zona afectada, los huesos de la rodilla de Burla se habrían debilitado tanto que no hubiese sido posible correr en condiciones.

FUENTE: zoomnews